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Una que nos convenció manejando de regreso entre Liberia y Miramar, con aguacero y todo, fue mi hermana Ale. De no manejar luego de un susto hace años cuando un bus la arrinconó, a animarse a comprar carro este año (un Renault hatchback) a mandarse en la microbús... qué dicha. Y hasta le gusta meterle la chancleta a ratos.
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